JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.
El despliegue de concejales que el pasado martes recibió el barrio de Las Moraditas de Taco tiene muy pocos precedentes, siempre, como dicen los vecinos, que no se produzca en época de elecciones, algo que rechazaron con vehemencia los cuatro concejales, José Alberto Díaz-Estébanez, Luz Reverón, Ángela Mena y Norberto Plasencia, que allí se dieron cita acompañados de una corte de técnicos municipales. Los problemas son los mismos de siempre, los que los que allí resumen en cuatro se multiplican por cien.
Esas reivindicaciones básicas pasan, en primer lugar, por una entrada "digna al barrio porque los niños no tienen por qué pasar por detrás de unas pilonas de plástico que pretendemos que sean sustituidas por algo más estable y menos provisional".
En este punto hubo una serie de controversias con el edil de Infraestructura y Obras, Norberto Plasencia, quien apeló a lo complicado por el costo de una valla metálica y escuchó alternativas como allanar el terreno y habilitar una vía para entrar y salir de Las Moraditas. Jaime Alonso, presidente de la AAVV El Buen Pastor, dejó claro que "el dueño del solar, Ignacio González, ha dicho que da todas las facilidades y ahora es el ayuntamiento el que debe tomar una decisión. Menos promesas y más hechos". El propietario está dispuesto a dar a Las Moraditas 500 de los 4.500 metros cuadrados, pero "hay que desagregrar y todos los demás pasos administrativos los debe dar el consistorio local". Además, insisten las fuentes vecinales, "allí hay espacio parta dotar al barrio de equipamientos".
En ese momento, algunos vecinos, porque poco a poco se fueron incorporando más personas, reclamaron "¡mejores accesos en la subida a La Laguna para los que no tenemos coche!", en relación a lo dificultoso y lejano del acceso a la parada de la guagua para subir hacia Aguere por la TF-1.
El segundo punto de discrepancia entre vecinos y administración es "la falta de imbornales en varios puntos de la zona para paliar el efecto de la aguas de la lluvia. Los pluviales deben ser regulados y la fuerza del agua frenada porque estas son calles en bajada. Hay que colocar imbornales en el final de las vías y, además, establecer medidas de seguridad a corto plazo como pasamanos u otros recursos".
Aparcamientos.- Desde el año 1993, cuando fueron inaugurados, existen en los bajos de la plaza principal de Las Moraditas algo más de un centenar de plazas de aparcamiento que supondrían un gran alivio para "los problemas de aparcamiento que tenemos aquí". Hay vecinos que de forma radical plantean en ese momento que "ya está bien de burlas, llevamos más de quince años soportando esta situación y lo que hay que hacer es conseguir la llave, abrir el recinto y entrar". Desde el ayuntamiento plantean que hay que estudiar el asunto y elaborar un informe porque son necesarias obras que mejoren la seguridad y el plan de emergencias.
Imbornales.- Tras el paso por el local de la asociación de mayores Virgen de la Milagrosa, muchos de cuyos socios estuvieron presentes en la visita, llegó el turno a la explicación sobre lo mal que están los desagües e imbornales en el barrio. Norberto Plasencia se comprometió a que esta semana estarían allí los técnicos municipales y de Emmasa para analizar cómo se encuentra el alcantarillado. En un momento dado, los vecinos pidieron un entarimado en la amplia plaza del barrio para "hacer cualquier tipo de actividad como conciertos o actuaciones. Hay espacio y tendrían que hacerlo". Asimismo, los residentes expresaron otra queja generalizada: que se muren los solares "porque suponen un foco de infección con la basura acumulada y hay árboles cuyas raíces ocupan las aceras, llegan a las casas de enfrente y originan un problema muy serio".
Reposición.- Tras caminar por el barrio, la edil de Urbanismo se vio inmersa en una improvisada reunión con los que han sido expropiados por las obras del Eje Ofra-El Chorrillo (ese puente inacabado que aparece sobre la autopista del Norte, la TF-5) de sus viviendas en el barranco y deben ser realojados en las casas que se construyen en la calle Chafira. En concreto, 45 familias, porque algunas cogieron en su momento la indemnización y se fueron del barrio. Luz y Fermín García, arquitecto de Urbanismo, aguantaron el tipo ante los "ataques" vecinales. Unos porque aún no se les han entregado "las llaves de la primera fase", aunque los técnicos señalaron que "se ha desbloqueado el problema que existía con Emmasa y en breve se entregarán". Otros porque valoran que "la segunda fase va muy lenta". Todos los que allí van a vivir denuncian "el exceso de velocidad de los vehículos cuando pasan por la calle Chafira. Hemos pedido guardias muertos y nos dicen que no son legales, pero los vemos en La Laguna y pedimos alguna medida antes de que ocurra una desgracia".
Algunos dicen no saber todavía qué les corresponde exactamente por sus casas, ubicadas por debajo de la autopista, en El Mayorazgo ("me repones lo que me quitas"), y otros reclaman "limpieza y que fumiguen porque hay casas tapiadas y eso ha originado que aparezcan ratas de gran tamaño y hay niños pequeños". Otros vecinos plantean "el peligro que existe con un torreón de la luz que Unelco ha situado justo ante las ventanas de nuestras viviendas".
HISTORIA VIVA
María Cabrera, una gomera de pro
María Cabrera García es una gomera que a sus 84 años, llenos de vida, lucidez y saber estar, representa como poca gente lo que significa Las Moraditas de Taco, uno de los barrios más simbólicos de lo que significa la emigración desde las islas periféricas a Tenerife o Gran Canaria. En la puerta de su casa, a donde llegó después de residir un tiempo en la zona de Hoya Fría y regresar a La Gomera, explicó a EL DÍA que "llevo aquí 48 años y yo veo que estamos igual de abandonados. Los bajos de mi casa, que levantamos bloque a bloque, están llenos de humedades y lo hemos denunciado varias veces. Tanto que en el año 1993 fui a Sanidad y enviaron a un señor que estuvo en casa y al final, tras comprobar el problema, me dijo que necesitaba el proyecto de mi vivienda. Pero qué proyecto iba yo a tener si no tenías dinero ni para comer. Aquí vino Emmasa, cambió dos losetas y punto, no han hecho nada más". María explica que "tengo dos hijos, uno minusválido, y estamos cansados de pedir un vado para su vehículo y, aunque creo que está concedido, nunca se lo han dado". Para María "aquí lo que hay es mucho hablar y poco hacer, sobre todo por parte de los políticos cuando hay elecciones. Yo digo que este barrio está abandonado. Por ejemplo, frente a mi casa tengo un barranco que si llueve fuerte va a tirar todo lo que arrastre hacia mi puerta. Lo he dicho donde ha hecho falta y no me han hecho nunca caso. Será hasta que pase algo".
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