AlBERTO vázquez Figueroa es, además de un exitoso escritor, un personaje sumamente dotado de esa inteligencia imprescindible para andar por la vida sin que a uno le tomen el pelo. Una vez acudió a él un tipo a pedirle que le escribiera el guión de una película sobre aborígenes. A Figueroa el asunto le pareció de mucho interés. Sin embargo, y sólo a efectos de incrementar aún más su innegable imaginación literaria, le pidió al sujeto en cuestión que le pagase por adelantado la mitad de sus emolumentos; la otra media, a la entrega del manuscrito. Resulta evidente que Alberto no es bobo. En cualquier caso, lo que más me ha llamado la atención de las cosas que he aprendido de Vázquez no es esta lección indirecta de que uno puede ser altruista pero no mentecato; lo más significativo para mí fue una reflexión suya una tarde en el Mencey. "A partir de los cuarenta, todo el mundo le tiene demasiado aprecio a su pellejo para arriesgarlo por ahí alegremente". Reflexión que carece de cierta lógica. A ninguno se nos escapa que es durante la juventud cuando cometemos las mayores locuras y más arriesgamos el pellejo.
Quizá sirva lo anterior para explicar no lo que va a ocurrir en el PP de Tenerife a partir de hoy con la elección de compromisarios para el congreso insular -eso se intuye o, inclusive, se sabe a ciencia cierta-, sino por qué va a ocurrir. No digo nada nuevo al señalar la desgracia de un partido -el Popular- que tiene suplantado su espacio electoral en esta isla por CC. Por ATI, para ser precisos. Una tribulación que es evitable, como ocurre con ciertas discontinuidades de funciones en el análisis matemático. Evitable siempre que alguien la quiera soslayar?, y alguien por encima de ese alguien no se oponga. Al final, demasiadas carambolas para que se complete la jugada no ya de forma magistral, sino al menos para que se complete. Sobre todo considerando que el PP se conforma con no tener Tenerife a cambio de estar más o menos amplio en Las Palmas -cada vez menos, aunque eso es otro asunto-, pues más vale pájaro en mano que ciento en el aire. Lo intentó Guigou pero no pudo. A Zerolo le bastó una llamada a su amigo Javier Arenas, compañero de aventuras en las otrora juventudes de UCD, para que a Guigou lo sacaran por arriba. Luego lo dejaran caer desde las alturas y se estalló como una pita. Ahora es el pibe de Ofra quien ha decidido intentarlo. No parece que le aguarde mejor suerte. El PP de Tenerife prefiere, como Vázquez Figueroa, no arriesgar el pellejo ni por encima ni por debajo de los cuarenta. Le basta, como a Rajoy, la mediocridad de ser segundones.
No obstante, comprendo a doña Cristina Tavío cuando protesta airadamente por la promoción de Ángel Llanos. A fin de cuentas, ella ha hecho cuanto le han ordenado. Ha procurado que el PP tinerfeño crezca sólo de forma transversal, sin poner jamás en peligro a la supremacía de CC; logró con notable éxito que durante la pasada legislatura la presencia de los populares en el Ayuntamiento santacrucero fuera testimonial, y se ha conformado con estar aparcada en la Mesa del Parlamento, eso sí, con capacidad para subirse el sueldo e impulsar propuestas contra la libertad de expresión.
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