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La abogada reconoce que su cliente mató al inquilino en defensa propia

Los hechos ocurrieron en agosto de 2006, en Adeje, cuando el acusado reclamó dinero a la víctima. Al no recibirlo, le asestó 7 cuchilladas y lo quemó.
24/oct/08 07:25
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EL DÍA, S/C de Tenerife

La Sala de juicio con jurado de la Audiencia Provincial tinerfeña acogió ayer la celebración de las periciales en el caso del crimen que se sigue contra Stefano E., el cual propinó siete cuchilladas a un joven sevillano que tenía como inquilino, en la Urbanización Las Bouganvillas (Adeje), en agosto de 2006. El fiscal califica los hechos como un delito de homicidio y pide una pena de 15 años de prisión y multa de 120.000 euros.

La acusación particular, representada por Sebastián Elías León Martínez, estima que se trata de un asesinato con las agravantes de alevosía y ensañamiento y pide 22 años de prisión y una indemnización de 180.000 euros. Por su parte, la defensa modificó sus calificaciones y reconoció que Stefano E. cometió un homicidio, pero defendiendo que fue en legítima defensa, por lo que alternativamente a la libre absolución propone una pena de 2 años y medio de cárcel u otra de cinco años.

Los primeros peritos forenses en comparecer declararon que el levantamiento del ca-dáver de Sergio R.G. se llevó a cabo en el cuarto de la basura del complejo de apartamentos. El cadáver estaba boca abajo, con los brazos y piernas semiflexionados, posturas propias de los cuerpos quemados. "La zona más preservada a la carbonización era el torso y se apreciaba una herida compatible con un arma blanca. El cuerpo estaba adherido a las baldosas del suelo, por lo que tuvimos que llevarnos algunas. El motivo -según los expertos- era que la víctima fue colocada sobre un somier que tenía un colchón de gomaespuma que, al arder, actuó pegándose al cuerpo", dijeron los peritos.

Una herida lo mató.- La herida que el acusado le propinó en el cuello con un cuchillo y que llegó a causar la muerte en unos minutos a Sergio R.G. se produjo cuando agresor y víctima estaban de frente. El cuchillo entró de arriba abajo dejando una herida detrás de la clavícula de dos centímetros de ancho y siete de profundidad que llegó a afectar a una zona muy irrigada del cuerpo, ya que se encuentra entre la yugular y la carótida, por lo cual la sangre salía a chorros, debido a que la carótida está ligada a los latidos del corazón. "Esta herida es mortal de necesidad", afirmó la forense, al tiempo que comenzaba a describir los otros seis cortes que recibió la víctima cuando hizo ademán de girarse. Sólo con la herida del cuello ya hubiera muerto, pero Stefano E. le asestó otras seis, dos de ellas afectaron a un pulmón, y una de las mismas llegó a atravesarlo de detrás hacia delante. "Las seis heridas fueron proferidas de forma rápida, en un corto espacio de tiempo entre una y otra. En todas, el cuchillo entró de igual manera y las asestó una persona diestra", aseguraron los forenses.

Un cuchillo.- En cuanto al arma empleada para causar dichas heridas, los forenses confirmaron que se trata de un cuchillo de más de 10 centímetros de hoja. "Al estar tan carbonizado el cuerpo creíamos que no íbamos a encontrar tanto y al estar en esas condiciones no se pueden determinar signos de defensa", dijeron, barajando la hipótesis de que se entabló una pelea entre el italiano y el sevillano que desencadenó en el crimen. La muerte se sitúa el día 21 de agosto de 2006 y Sergio R.G. fue quemado cuando ya estaba muerto.

Frío y poco colaborador.- Los peritos que realizaron la pericial psicológica al acusado comentaron que el día 23 de agosto de 2006, Stefano estaba tranquilo, bien, desconfiado, frío y poco colaborador. "Se le apreciaban pequeñas heridas en las manos, pero no eran compatibles con una pelea. Asimismo, se le detectaron unos moratones, pero nos dijo que se había caído en la playa de La Caleta. Nos refirió que sólo bebía alcohol los fines de semana y que solía fumar marihuana de vez en cuando". "Si el cuerpo, que estaba desnudo, hubiera ardido completamente, no hubiéramos encontrado nada", dijo una perito.

Uno de los peritos que intervino por videoconferencia y que es diplomado en identificación de cadáveres en condiciones extremas, que además estuvo en la entrada y registro de la vivienda, comentó que "al entrar en el apartamento había un fuerte olor a pintura y restos de sangre seca, incluso que había sido fregada. Había sangre en paredes compatibles con una herida en la carótida". En el cuarto de basuras, el especialista determinó que había alambre con restos de sangre en el pasillo exterior que comunica el apartamento con el cuarto de basuras, así como restos de sangre. Asimismo, había restos de sangre en la bañera, el dormitorio, aunque estaba pintado -y que fue el escenario del crimen-, así como en el pasillo de la entrada. El perito llegó a declarar que "es inusual encontrar tanta sangre en una inspección ocular. La escena del crimen fue alterada porque no había cortina y habían pintado la habitación". La prueba de ADN confirmó que el cuerpo calcinado pertenecía a Sergio R.G., el cual constaba como desaparecido tras presentar su familia una denuncia en la Comisaría de Nervión.

En torno a una toalla con un orificio que presuntamente llevaba Sergio R.G. en el cuello, la hipótesis de que la víctima saliera de la ducha cuando fue acuchillado puede ser una posibilidad, aunque como otras muchas, como que estuviera rota previamente.

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